La mejor forma de gestionar una empresa es verla como una máquina.
Eso lo aprendí de Ray Dalio
(si no has leído Principios, te lo recomiendo)
.
Una máquina necesita piezas que funcionen. Que no se bloqueen. Que no fallen.
Esa visión me ayudó a entender cuál debía ser mi rol como profesional y también el tipo
de empresa que quería liderar.
Tras más de ocho años como freelance, algunos con proyectos propios como
Maresme Gourmet y otros trabajando dentro de empresas de distintos tamaños, decidí montar Gregario.
Un poco para volver a empezar. Un poco porque necesitaba sentar las bases de todo lo que había ido aprendiendo en el mercado.
Así que me senté frente al ordenador y, con toda mi experiencia, creé un sistema de
productos de marketing pensado para pymes que quieren avanzar sin perder tiempo ni dinero
en procesos eternos o estrategias que no llevan a ninguna parte.
Productos claros, cerrados y directos, que encajan en el equipo del cliente sin frenar su ritmo.
Si eres un poco avispado, seguro que te has dado cuenta de que elegí el nombre con
cariño. Buscaba una metáfora que ilustrara bien lo que quería ofrecer. Me decanté por un
término muy ciclista: los gregarios, esos currantes sin cara que tiran del pelotón,
marcan el ritmo y lo dan todo por su equipo... aunque nunca salgan en la foto final.
Esa es exactamente mi filosofía.
Hacer que tu máquina avance.